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Publicado por Bordier & Cie (Singapore) Ltd en su serie Monthly Market Update, marzo de 2026.

El argumento

El estudio trata la inteligencia artificial como un amplificador de fuerza, del mismo modo que lo fueron las máquinas de la Revolución Industrial: ni buena ni mala en sí misma, sino algo que reestructura la sociedad, el trabajo y el poder. Sostiene que las ganancias se repartirán mediante una pugna, y no de forma automática. Dentro de las empresas, la adopción ha pasado de las consultas ocasionales a los procesos integrados. La evidencia macroeconómica no ha ido al mismo paso. A corto plazo, las ganancias de crecimiento de la productividad del trabajo se miden en décimas de punto porcentual, frenadas por las fricciones de adopción y por la regulación. Los beneficios aparecen en la empresa concreta mucho antes de aparecer en las estadísticas nacionales, y el estudio llama Ghost GDP (PIB fantasma) a la producción que, entretanto, adorna las cifras agregadas. Ese desfase entre la adopción y la productividad medida es la base del argumento. Hoy la exposición se concentra en el trabajo de oficina y en las profesiones cualificadas: la informática, el derecho y las funciones empresariales y financieras, con las tareas administrativas en lo más alto del gradiente. Es el contenido de las tareas, y no la etiqueta sectorial, lo que define la frontera. La automatización llega al trabajo de oficina antes que a la infraestructura física, como las subestaciones eléctricas y las acerías. HALO, heavy assets and low obsolescence, es decir, activos pesados y baja obsolescencia, es el término que emplea el estudio para las empresas situadas al otro lado de esa línea: aquellas cuyo valor reside en la infraestructura física y no en una plantilla cualificada. Pueden usar la IA para mejorar márgenes sin romper su modelo de ingresos. El mantenimiento predictivo, la previsión de averías y la supervisión del estado de los activos reducen costes. No sustituyen ingresos. Las empresas reguladas o contratadas están protegidas por cuellos de botella físicos y por contratos de servicio, no por licencias por puesto ni por horas facturables. La amenaza les llega más tarde, cuando la IA se combina con una robótica barata y capaz, el momento que el estudio llama AI meets atoms, el encuentro de la IA con la materia. La robótica está pasando de los proyectos piloto a los despliegues remunerados, pero sigue limitada por el hardware y por la regulación, de modo que la automatización alcanza a estos operadores por oleadas y no de una sola vez.

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Fuente: Bordier & Cie (Singapore) Monthly Market Update, marzo de 2026.